Historias
«Mira, ahora que lo pienso, una clienta fija mía me pidió un tono parecido. Santos. Una mujer guapísima, muy arreglada. Se nota que se cuida» dijo Lucía, y yo dejé de deslizar el dedo por la pantalla y alcé la vista hacia ella en el espejo
La situación resultó inquietante y profundamente injusta.