El muchacho se inclinó hacia el médico y le susurró:
—Doctor, no le diga que lo oigo todo. Necesito descubrir a quién le estorbo en esta casa.
El facultativo guardó silencio unos segundos. Miró al adolescente pálido, tendido en la camilla, y luego a la mujer que esperaba junto a la puerta, retorciendo con nerviosismo la correa del bolso.
—Es su madre —articuló sin voz la enfermera, casi escondida a un lado.
Pero al encontrarse con los ojos del chico, el médico comprendió que aquello no era una simple queja relacionada con la audición.

Se llamaba Mateo Blanco, tenía catorce años y, dos semanas atrás, había sufrido una grave inflamación cerebral. A Alba Moreno, su madre, los médicos ya le habían advertido que podían quedar secuelas, entre ellas una pérdida importante de oído. Desde entonces, Alba repetía a todo el mundo la misma frase:
—Apenas oye nada. Habladle más fuerte.
Mateo Blanco, en cambio, permanecía callado, mirando por la ventana, como si no captara aquellas conversaciones a media voz que se producían a sus espaldas.
Aquel día, Alba Moreno lo llevó a una revisión. Se dejó caer en una silla, agotada, mientras el médico llamaba al chico a la sala contigua para realizarle las pruebas auditivas. Mientras la enfermera preparaba los aparatos, Mateo Blanco se acercó un poco al doctor y murmuró casi sin mover los labios:
—Doctor, haga como si todavía oyera mal. Se lo ruego. Yo… solo quiero saber.
—¿Saber qué? —preguntó él en el mismo tono bajo.
El chico tragó saliva antes de responder:
—Si mi madre me quiere de verdad o si me cuida solo porque le doy pena. En casa, cuando cree que no la escucho, habla de otra manera.
Al médico se le encogió algo por dentro. Sin embargo, Mateo Blanco continuó:
—Cuando salga, dígale que sigo oyendo poco. Quiero… escuchar qué dice de mí cuando piense que no puedo enterarme. Solo… no me mire así. Podré soportarlo.
La exploración fue clara: la audición de Mateo Blanco se había recuperado casi por completo. Aun así, saltándose las normas, el médico le hizo un leve gesto de asentimiento al muchacho y avanzó hacia la puerta.
